¡Oh, Maestro!
A pesar del rugido del ego, el aullido del engaño y el infierno de las faltas, seguí durmiendo en la noche tormentosa de la ignorancia. Nací como ser humano, pero no me esforcé por serlo. No pude resistir la fuerza de mi ego y mi voluntad, y convertí mi oportunidad en desgracia.
Pero en medio de aquella fría noche, amaneciste como el sol y me envolviste en la calidez de tu refugio. Las nubes de dudas comenzaron a disiparse y el ego empezó a apaciguarse.
¡Oh, mi Divino Salvador! Iniciaste la destrucción de mi ego descontrolado, algo que yo no podía hacer por mí mismo. Rápidamente acudiste en mi ayuda y, con absoluta generosidad y facilidad, comenzaste esta tarea aparentemente imposible de demoler mi falsa imagen.
¡Oh, Padre Espiritual! ¿Cómo puedo expresar mi gratitud? A medida que mi ego se disuelve en amor por Ti, me acerco al desapego, a la salvación. Y todo te lo debo a Ti.
Om Paz Paz Paz









