Cuando estés listo para dormir por la noche, repasa los recuerdos del día. No empieces por la mañana, empieza desde donde estás ahora, simplemente en la cama. Empieza por lo último que hiciste y luego retrocede, paso a paso, hasta la primera experiencia de la mañana. Repasa el pasado y recuerda constantemente que no te involucras.
Por ejemplo, si alguien te ofende, visualízate siendo insultado, pero mantente como un simple observador. No te involucres, no te enojes. Si lo haces, te identificarás con la otra persona y perderás el sentido de la meditación. Esa persona no te está insultando a ti, sino a la forma que estaba presente en el incidente, y esa forma ya no existe. Eres como un río que fluye: las formas fluyen. En la infancia tenías una forma, pero ya no la tienes; esa forma ha desaparecido. Estás en constante cambio, como el río.
Al despertar por la mañana, tendrás la misma sensación de frescura mental que tenías al amanecer. Y entonces podrás conciliar el sueño plácidamente.









